martes, febrero 25

sacate a la chingada pinche vocho de mierda

Este año obtuve un horario "abierto". Significa que mi horario de trabajo es flexible. Sigo siendo un pinche esclavo moderno, la situación general permanece igual de horrible pero hay que apreciar los pequeños detalles; un gramo menos de miseria en el valle de la tristeza. De modo que son las 8 de la mañana y no rechazo desayunar con mi familia. Subo al coche y manejo tranquilamente y no hay por que conducir veinte kilometros en quince minutos, ya no le grito al de enfrente que se quite ni lo rebazo por la derecha.

"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos -pensó el principito- caminaría muy suavemente hacia una fuente..."

Otra vez llega usted tarde.
Oh, piense usted que de nada servirá que llegué media hora antes si es precisamente ese el tiempo que me va a llevar terminar de levantarme.
No le pagaré el día.
Nadie puede pagar un día.

lunes, febrero 24

Dulce mío. pequeña gota.
abrígame de la tormenta, ocúltame del abismo.
yo quiero abrazar tu sombra.
yo quiero sufrir contigo.

Pequeño día,
vocecita hermosa.
Aqui están mis brazos
y aqui están y lloran.

too late

Lo primero que quisiera comentar es lo difícil que se me hace volver a escribir. Estoy oxidado, orondas capas de polvo entorpecen mi escritura.

Y las ideas se mueven todas desordenadas en mi cabeza, son pelo de perro chihuahua y es difícil hilar algo con ello.

Luego siento ganas de justificarme, yo sé que no necesito hacerlo, pero me asaltan las ganas de echarle la culpa al alcohol, a las drogas, el estrés laboral, domestico, la insoportablemente aburrida y monótona que es mi vida (y no puedo mencionarlo frente a Yoselin porque me dirá algo así como de que no soy feliz con ella y más mierda de mujeres).

Me va bien, las finanzas van bien, el tiempo con mi hijo va bien, el trabajo va bien. He descubierto que tengo estómago y que sufre cada vez que me emborracho, y cada que tomo leche. Tengo el estómago de un mariquita, probablemente en alguna borrachera algún mariquita lo intercambió con el suyo mientras yo dormía sobre mi propio vomito.

No sé por que no puedo ser feliz, por que tengo que amar mientras estoy sufriendo. Talvez es solo el alcohol que me espera por las noches para desmenuzar mi furia y regalarme el sueño.

viernes, agosto 9

La última vez que revisé mi cartera había más plástico que papel.

El viento frio de la calle lo sentía muy adentro de los huesos. Preferí este horrible frío a cargar un sweater sobre mi delgada playera. Saqué un paquete de lucky strike y el zippo que si preferí cargar y me senté en la acera a fumar y a esperar a mi cita.
Llegó, veinte minutos tarde y aproximadamente dos horas de maquillaje encima. Pero brillaba. Y lo mejor era que brillaba para mí: tacones rojos, vestido negro.
Conforme el carácter evoluciona en un hombre, la reacción primera ante esta imagen varía al opuesto: a los 16, una erección, a los 21, cara de idiota y erección, a los 25 contemplas, si la situación lo permite, lo que te vas a cenar más tarde. Así que la examine sin miedo.
Entramos a la barra de sushi. Ella pidió sake y yo una corona. Me la bebí de un sorbo mientras ella agitaba su bebida caliente.

- Queremos que te unas al proyecto…

Y dos horas y sakes después.

- No sé cómo lograste que me pusiera esto…
- Jajajajajaja – apunté.

viernes, junio 7

nuances

No soportan nuestros corazones esas sombras
que proyectan el dolor que nos causamos
hace tan poco tanto.

Emergen de su dolor cuando dormimos,
descansan el sufrimiento en nuestras manos
repiten incansables su historia tan francamente
otra vez, como las gotas de tu regazo.

Yo me arrepiento justo como la sombra
que me haces tu desde lo alto.

viernes, noviembre 16

¡Tan terrible la tormenta!, ¡tan pequeño el vaso!

Yo no sé, si pones en caja aparte los te amo que te digo cuando estoy borracho. Cuando no me importa acercarme a tu cuello y respirar tu piel. No puedo argumentar que cuando las botellas están ya vacías todo se nubla, no, porque ciertamente es todo lo contrario: todo lo importante lo tengo claro, no tengo miedo de decir te amo y que no me respondas de igual modo, lo único que me interesa entonces solo eres tú, se reduce a la más ínfima importancia que cuando sepas cuanto te necesito tú quieras abandonarme.
Pero la mayor parte del tiempo ahora solo estoy sobrio y cobarde. Soy un miserable que te ama y no te lo dice a diario. No imagino cuan profundamente a tu corazón he lesionado. Deseo, a veces, vivir constantemente con una botella de vodka vertida en la sangre y disfrutar desmedidamente estos tiempos que te tengo conmigo. Lo ansío en serio a veces, pero es que yo no sé, donde guardas los te amo que te digo cuando estoy borracho.

jueves, septiembre 6

Carta de la maga a Rocamadour - Julio Cortázar

Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los pies. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabes leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿ Por qué, Rocamadour ? No estoy triste, tu mamá es una pavota, se me fue al fuego el borsch que había hecho para Horacio; vos sabés quién es Horacio, Rocamadour, el señor que el domingo te llevó el conejito de terciopelo y que se aburría mucho porque vos y yo nos estábamos diciendo tantas cosas y él quería volver a París; entonces te pusiste a llorar y él te mostró como el conejito movía las orejas; en ese momento estaba hermoso, quiero decir Horacio, algún día comprenderás, Rocamadour. Rocamadour, es idiota llorar así porque el borsch se ha ido al fuego. La pieza está llena de remolacha, Rocamadour, te divertirías si vieras los pedazos de remolacha y la crema, todo tirado por el suelo. Menos mal que cuando venga Horacio ya habré limpiado, pero primero tenía que escribirte, llorar así es tonto, las cacerolas se ponen blandas, se ven como halos en los vidrios de la ventana, y ya no se oye cantar a la chica del piso de arriba que canta todo el día Les amants du Havre. Cuando estemos juntos te lo contaré, verás. Puisque la terre est ronde, mon amour t'en fais pas, mon amour, t'en fais pas...Horacio la silba de noche cuando escribe o dibuja. A ti te gustaría, Rocamadour. A vos te gustaría, Horacio se pone furioso porque me gusta hablar de tú como Perico, pero en el Uruguay es distinto. Perico es el señor que no te llevó nada el otro día pero que hablaba tanto de los niños y la alimentación. Sabe muchas cosas, un día le tendrás mucho respeto, Rocamadour, y serás un tonto si le tienes respeto. Si le tenés, si le tenés respeto, Rocamadour. Rocamadour, madame Irène no está contenta de que seas tan lindo, tan alegre, tan llorón y gritón y meón. Ella dice que todo está muy bien y que eres un niño encantador, pero mientras habla esconde las manos en los bolsillos del delantal como hacen algunos animales malignos, Rocamadour, y eso me da miedo. Cuando se lo dije a Horacio, se reía mucho, pero no se da cuenta de que yo lo siento, y que aunque no haya ningún animal maligno que esconde las manos, yo siento, no sé lo que siento, no lo puedo explicar. Rocamadour, si en tus ojitos pudiera leer lo que te ha pasado en esos quince días, momento por momento. Me parece que voy a buscar otra nourrice aunque Horacio se ponga furioso y diga, pero a ti no te interesa lo que él dice de mí. Otra nourrice que hable menos, no importa si dice que eres malo o que lloras de noche o que no quieres comer, no importa si cuando me lo dice yo siento que no es maligna, que me está diciendo algo que no puede dañarte. Todo es tan raro, Rocamadour, por ejemplo me gusta decir tu nombre y escribirlo, cada vez me parece que te toco la punta de la nariz y que te reís, en cambio madame Irène no te llama nunca por tu nombre, dice l'enfant, fíjate, ni siquiera dice le gosse, dice l'enfant, es como si se pusiera guantes de goma para hablar, a lo mejor los tiene puestos y por eso mete las manos en los bolsillos y dice que sos tan bueno y tan bonito. Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico, pero quiero decir que Horacio llegará en seguida. ¿ Le dejo leer mi carta para que él también te diga alguna cosa ? No, yo tampoco querría que nadie leyera una carta que es solamente para mí. Un gran secreto entre los dos, Rocamadour. Ya no lloro más, estoy contenta, pero es tan difícil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender un poco eso que Horacio y los otros entienden en seguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender a ti y a mí, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente sé que no te puedo tener conmigo, que es malo para los dos, que tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, quién sabe hasta cuándo ayudándolo a buscar lo que él busca y que también buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto. Es así, Rocamadour: En París somos como hongos crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y Ronald y Babs, todos hacemos el amor y freímos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorrión o una gotera, llueve muchísimo aquí, Rocamadour, mucho más que en el campo, y las cosas se herrumbran, las canaletas, las patas de las palomas, los alambres con que Horacio fabrica esculturas. Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en lo que no entre el agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche y a sueño pesado, debajo hay pelusas y libros, Horacio se duerme y el libro va a parar abajo de la cama, hay peleas terribles porque los libros no aparecen y Horacio cree que se los ha robado Ossip, hasta que un día aparecen y nos reímos, y casi no hay sitio para poner nada, ni siquiera otro par de zapatos, Rocamadour, para poner una palangana en el suelo hay que sacar el tocadiscos, pero donde ponerlo si la mesa está llena de libros. Yo no te podría tener aquí, aunque seas tan pequeño no cabrías en ninguna parte, te golpearías contra las paredes. Cuando pienso en eso me pongo a llorar, Horacio no entiende, cree que soy mala, que hago mal en no traerte, aunque sé que no te aguantaría mucho tiempo. Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivir combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y tú sabes que está bien y no estás triste. Horacio tiene razón, no me importa nada de ti a veces, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da cólicos, tengo completamente metidos para adentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete ...

sábado, julio 21

Necesito tu cuerpo para arrullar mis pesadillas

Solía platicar en la escuela con mi vecina de mesa. Le contaba sobre lo que hacia a diario y ella se divertía escuchando mis ocurrencias. - siempre tienes una historia que contar. Decía.

Bueno, no tengo dinero para llevarte al cine, pero dime algo sobre lo que te gustaría escuchar un cuento. - hadas. Decía y frunciendo el ceño retadora, incrédula de que pudiese contarle un extraño cuento en el que ella era un hada. Luego, dos horas después, terminada la función, ella solo echaba de menos las palomitas y mi garganta un poco de agua.

¿Vamos a amarnos siempre? Siempre. Decía, hace diez años. Y yo me lo creía, cuando entonces no entendía que era amar, cuando no comprendía lo que significa en esa frase el siempre.

 

jueves, julio 19

Pulcra ergástula



En un cuarto de justificadas y dadivosamente planeadas medidas, escenario mudo de quiméricas transcendencias. Un botellón de agua, una flor, un escritorio de caoba o su más próxima imitación. Un ingrato teléfono. Pulcra ergástula. Ahí sospecho, y no temo equivocarme, han muerto delirantes poetas, prominentes escritores: abatidos músicos, magnánimas historias; las musas no han tenido más remedio que personificarse en hoscas secretarias. En la más frugal violencia mueren nobles almas a diario y tan horriblemente, se disminuyen con cada llamada, cada firma y solo de nueve a nueve con una hora para comer. Un cuerpo cansado llega cada noche a culpar de su desgracia a las sombras que el televisor refleja, pero sin ganas, sin verdadero odio.

lunes, mayo 28

7 minutes poem


Mece tu sonrisa mi cuerpo herrado como a la grácil hoja el viento, como la borrasca al árbol,  sin compasión, sin rumbo, como al nuevo enero el peso de los franqueados años. Se escapa mi corazón del pecho, corre a donde tu voz le diga. Todo mi cuerpo es tuyo, todos los caminos de todos mis pasos. No me preguntes sin embargo, cuanto es que yo te quiero. Yo siempre diré que no tanto.