Sonríe.



En la comisura, el pequeño triangulo isósceles donde tus labios se juntan hay precisamente un enorme abismo donde me gustaría situar un beso mío. La expectación no tiene límite, puedo derrumbarme desde ahí y salvarme si decides resguardar mis sueños entre los suaves dedos de tu mano hasta que yo considere que ya no son tan mansas tus manos y la comisura de tus labios ya no es un triángulo perfecto o, en el transcurso resuelvas que el suelo es mi lugar y entonces tus manos siempre brillen y tus labios siempre sonrían.
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