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Mostrando las entradas de marzo, 2010

Si la vida no es como deseabas; probablemente solías desear demasiado.

Si la vida no es como deseabas; probablemente solías desear demasiado.

soledad

Para hacerme de esta soledad solo necesité a los demás para tener de quien alejarme. A veces llega la sensación del abandono, a veces con tristeza incomprensible. Yo sé bien todo lo que tuve, yo conozco bien todas las ausencias que me quedan. No necesito de nadie para ser feliz. Tuve tanta atención y tantas personas para serlo y nunca fui.

pray

...Así pues, que lo peor que me puede suceder es que me muera, no me queda de otra que rezar, solo por dejar abierta la posibilidad de que dios me escuche, y me deje vivir tantito mas, ya sea miserablemente o en una nube de prosperidad tramposa. Yo creo que si lo que deseamos es llenar nuestras vidas de la mayor cantidad de satisfacciones lo que debemos hacer es luchar; de otro modo, si lo que se desea es felicidad, llana y pura, lo que nos queda es alzar los brazos y extender las palmas, luego aguardar, lo suficiente, muy pacientemente dependiendo de sobre donde se esta parado, en lo que nos cae algo del cielo...

mini ipad

El precio de la cerveza ha subido. Eso o los de la tienda se están embolsando tres pesos mas por cada cerveza que compro. Cada quien hace lo propio, cada quien su asunto, cada quien su conciencia, si la tiene, si la usa, si le da importancia. abandone mi plan de hacerme rico por que implicaba violar la confianza del consumidor y jugar con sus mentes. Sin embargo, si permanezco de este modo, serán otros los que violen mi confianza y jueguen con mi mente. Hay inclusive quienes juegan con la necesidad de las personas, la mía inclusive. Quedan dos opciones para no quedarse indiferente ante la cruel verdad: soñar que se puede vencer al sistema, y jugar sus reglas. Como lo ultimo es suficientemente divertido como para olvidar las demás preocupaciones existenciales no me queda mas que dejarme llevar por mis humanas necesidades.

rancho alegre

[... Apenas y podía levantar la mochila; pantalones, camisas, ropa interior: todo sucio desde meses anteriores. Yo volvía a mi casa un fin de semana cada mes, o cuando se me acababa la ropa limpia; lo que ocurriese primero. Ahí mi hermana la menor se quejaba en voz alta cuando luchaba en el fregadero contra mis blue jeans que llenaba de arena cuando iba a la sierra a acompañar a mi profesor, el ingeniero Acuña, a trazar hectáreas y hectáreas de campos de sorgo y soya, que después de la emulsión correcta y el trabajo adecuado se convertirían en estacionamientos y plazas comerciales para los campesinos que tendrían en ese entonces, después de las firmas correctas, mas tiempo libre. Mi hermanita se quejaba, pero solo por compromiso con las apariencias, por que en realidad disfrutaba hacerlo siempre que yo estuviera sentado a un lado contándole todas mis aventuras en la universidad. Cada que volvía mi madre hacia notarme lo descuidado que era con mi cabello, mis pelos de chayote, solía dec...