De tu existencia exacta y suave que me vive pegada al cuerpo, yo extraigo todo este amor incomunicable que te tengo; inherente a mi como a mis brazos mis manos y mis dedos yo acepto está presencia tuya tan necesaria como mi aliento, y a veces, cuando necesito tu abrazo o tus manos o tu beso, y sufro el castigo enorme de tenerte lejos, me pregunto por qué es en ti en todo lo que pienso. Me pongo a contar las horas para saber de ti y tenerte entre mis brazos sueltos; para que luego, ya abrazado a ti me preguntes donde estuve, con quién, y si en verdad te quiero.
Esto es lo mejor que encontré por cincuenta centavos...