Este fin de semana conecté el proyector en mi recamara y renté Revolutionary Road; adaptación de la novela de Richi Yates y a petición de Yoselin que le encanta DiCaprio. A razón de valorar la filmografía completa de Leonardo –incluyendo Critters y don’s Plum- concuerdo en estimar su gran talento actoral, eclipsado lamentablemente por su insignia de superestrella. El punto es que se me vino a la mente la idea de irme a Europa a conocer del mundo. ¿Qué tan complicado puede ser? Aprovecho esta introspección retorica para preguntar a mi única lectora –Lara- si es posible para un veinteañero emigrante de Centroamérica encontrar un empleo decente en las bellas ciudades de España. En realidad me encanta la idea.
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
Comentarios
Muuuuuackss!!!!
Pd. por cierto, no me gusta el Dicaprio.