Probablemente algún lector –si aún queda alguien además de Lara y mi papá- habrá notado mi reciente distanciamiento. Resulta que desde hace unas semanas mis sueños y ratos libres lo ocupa una fascinación que tenía por el dibujo y el diseño desde muy pequeño. Así pues, comencé a soñar con edificios, y a cargar mi libreta y mis lápices al baño. Luego el AutoCAD, luego a charlar entre copas con arquitectos, todo converge y el obvio siguiente paso ha sido adquirir una porción de tierra propia para materializar mis sueños. Esto me provoca encanto y preocupación. Por un lado la satisfacción de tener un lugar propio, reflejo de mis añoranzas de la infancia, por el otro, la preocupación del gasto que significa levantar desde los cimientos, hasta las chapas. Es mucho dinero y desafortunadamente (¿o afortunadamente?) no lo tengo y solo podrá provenir de mi constante esfuerzo durante un par de años. Quisiera tener la certeza del éxito en mis emprendimientos, pero como no es posible solo me queda ...
Esto es lo mejor que encontré por cincuenta centavos...