Acabó de ver Inception, largometraje de Christopher Nolan, Director de una de mis películas favoritas: Memento. Básicamente la recomiendo porque en la pantalla los efectos son excepcionales y la idea es perturbadora; Buena ciencia ficción. Recomiendo ver Inception en su cine favorito, recomiendo no perderse los últimos minutos, tampoco beber mucha Pepsi (el frío y los líquidos son una mala combinación) O ir al baño antes de entrar a la sala,y no beber soberbias cantidades de alcohol en la tarde antes de ir al cine (El alcohol y la vejiga son malos aliados). Como una bola de nieve, la necesidad se vuelve imparable y el dilema de escoger entre el baño y el final de la película no es recomendable.
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
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Muuuuuuuuuuuacks!