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Mostrando las entradas de septiembre, 2016

je ne peux pas

Bueno. Creo que si quiero continuar con esto de la escritura debo empezar a practicar. Hablaré de mi breve contacto con el crimen el día de hoy. Todo empezó en la mañana que tomé un poco más que mis acostumbradas tres tazas diarias de café y de dos grados menos que los acostumbrados 20 centígrados del aire acondicionado en mi oficina. Esto provocó un deseo y una necesidad de mingir prontamente, lo cual no fue posible por diversas razones, pero principalmente porque alguien estaba cagando en el único baño de la oficina. Y solo me quedó como opción usar el baño que hay en el patio de maniobras. Ultimadamente he tenido mis reservas de usar ese baño; es un baño público donde van a orinar a diario los 400 africanos que tenemos asegurados. Desde luego, debo aclarar que no me preocupaba mucho el pedo de que me intimidaran los popularmente conocidos bigdick, no les envidio nada. Más bien me preocupaba el pedo de que el baño estuviera todo hecho un cagadero; personas desorden...
De pronto siento que odio a todo el mundo. Se me viene de golpe todo el daño que me han hecho, y la tristeza que siempre me tengo que decir que no es tristeza. Siento horribles ganas de apalear a esos hijos de puta. Y caigo en cuenta que aún no puedo. Y me deprimo al pensar en lo bien que les está yendo siendo unos hijos de la chingada y lo difícil que es para alguien honesto dañar a otra persona. Leo en el periódico de la mujer que se encerró en su casa de interés social con sus dos hijos, cerró todas las ventanas y abrió la llave del gas mientras dormían; ya no tenía ni para comer, le iban a quitar la casa: y luego me enteró de los nuevos tenis diseñados por no sé quién que valen una fortuna y todos los quieren. De pronto siento que odio a todo el mundo.

follow me now, how this came to be

No han habido paseos por larguísimas avenidas. Ni me ha asaltado el frio sin un centavo para comprar cigarros; todo de noche y en una ciudad donde no te conoce nadie. No. Ninguna desconocida me llamó para continuar la plática. Nadie escribió en su diario mi nombre y me ha dicho que me recuerda cada que escucha una canción. No he espiado con el rabillo del ojo a la pareja de alemanes en la mesa de al lado mientras espero mi filet mignon. Dignos con su botella de château mouton rothschild pero tristísimos y pálidos. Esta oficina absurda, llena de papeles absurdos, mi ocupación absurda y mis preocupaciones absurdas.