Ciertamente este país se parece mucho al mío. El sol calienta la piel casi con la misma fuerza y estoy seguro que el aire también es el mismo. También se parece a otros países, mientras andas por las calles puedes sentir la mirada de los locales: “¿de dónde será este turista?” Y parece ya un triunfo el solo hecho de ser extranjero. Las muchachas te miran con otros ojos, y pareciera que, aunque están más lindas que las de tu país, es más sencillo llevártelas a la cama. Allá en mi país soy un macho consumado –les comento- y ellas se derriten solitas. Luego quieres comer todo lo que ellos comen, y beber las cervezas que ellos toman, y fumar sus cigarros. Pero si lo miras fríamente, terminas cagando, orinando y tosiendo su tradicional encanto así como los turistas en nuestro país lo hacen. Lo importantes es que fuiste, y en tu enorme librero de recuerdos puedes poner una torre Eiffel de latón, una torre de pizza de mármol. Las miradas de extrañeza, los besos, los ll...
Esto es lo mejor que encontré por cincuenta centavos...