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Mostrando las entradas de julio, 2012

Necesito tu cuerpo para arrullar mis pesadillas

Solía platicar en la escuela con mi vecina de mesa. Le contaba sobre lo que hacia a diario y ella se divertía escuchando mis ocurrencias. - siempre tienes una historia que contar. Decía. Bueno, no tengo dinero para llevarte al cine, pero dime algo sobre lo que te gustaría escuchar un cuento. - hadas. Decía y frunciendo el ceño retadora, incrédula de que pudiese contarle un extraño cuento en el que ella era un hada. Luego, dos horas después, terminada la función, ella solo echaba de menos las palomitas y mi garganta un poco de agua. ¿Vamos a amarnos siempre? Siempre. Decía, hace diez años. Y yo me lo creía, cuando entonces no entendía que era amar, cuando no comprendía lo que significa en esa frase el siempre.   Publicado con Blogsy

Pulcra ergástula

En un cuarto de justificadas y dadivosamente planeadas medidas, escenario mudo de quiméricas transcendencias. Un botellón de agua, una flor, un escritorio de caoba o su más próxima imitación. Un ingrato teléfono. Pulcra ergástula. Ahí sospecho, y no temo equivocarme, han muerto delirantes poetas, prominentes escritores: abatidos músicos, magnánimas historias; las musas no han tenido más remedio que personificarse en hoscas secretarias. En la más frugal violencia mueren nobles almas a diario y tan horriblemente, se disminuyen con cada llamada, cada firma y solo de nueve a nueve con una hora para comer. Un cuerpo cansado llega cada noche a culpar de su desgracia a las sombras que el televisor refleja, pero sin ganas, sin verdadero odio.