No soportan nuestros corazones esas sombras que proyectan el dolor que nos causamos hace tan poco tanto. Emergen de su dolor cuando dormimos, descansan el sufrimiento en nuestras manos repiten incansables su historia tan francamente otra vez, como las gotas de tu regazo. Yo me arrepiento justo como la sombra que me haces tu desde lo alto.
Esto es lo mejor que encontré por cincuenta centavos...