El viento frío de la calle lo sentía muy adentro de los huesos. Preferí este horrible frío a cargar un sweater sobre mi delgada playera. Saqué un paquete de lucky strike y el zippo que si preferí cargar y me senté en la acera a fumar y a esperar a mi cita. Llegó, veinte minutos tarde y aproximadamente dos horas de maquillaje encima. Pero brillaba.Y lo mejor era que brillaba para mí: tacones rojos, vestido negro. Conforme el carácter evoluciona en un hombre, la reacción primera ante esta imagen varía al opuesto: a los 16, una erección, a los 21, cara de idiota y erección, a los 25 contemplas, si la situación lo permite, lo que te vas a cenar más tarde. Así que la examine sin miedo. Entramos a la barra de sushi. Ella pidió sake y yo una corona. Me la bebí de un sorbo mientras ella agitaba su bebida caliente. - Queremos que te unas al proyecto… Y dos horas y sakes después. - No sé cómo lograste que me pusiera esto… - Jajajajajaja – apunté.
Esto es lo mejor que encontré por cincuenta centavos...