Probablemente algún lector –si aún queda alguien además de Lara y mi papá- habrá notado mi reciente distanciamiento. Resulta que desde hace unas semanas mis sueños y ratos libres lo ocupa una fascinación que tenía por el dibujo y el diseño desde muy pequeño. Así pues, comencé a soñar con edificios, y a cargar mi libreta y mis lápices al baño. Luego el AutoCAD, luego a charlar entre copas con arquitectos, todo converge y el obvio siguiente paso ha sido adquirir una porción de tierra propia para materializar mis sueños. Esto me provoca encanto y preocupación. Por un lado la satisfacción de tener un lugar propio, reflejo de mis añoranzas de la infancia, por el otro, la preocupación del gasto que significa levantar desde los cimientos, hasta las chapas. Es mucho dinero y desafortunadamente (¿o afortunadamente?) no lo tengo y solo podrá provenir de mi constante esfuerzo durante un par de años. Quisiera tener la certeza del éxito en mis emprendimientos, pero como no es posible solo me queda procurarlo. En este punto de mi vida mi mentalidad comienza a transformarse, desde un desprecio por lo material, a la comprensión del valor que uno le agrega a las cosas, el sacrificio se ve reflejado en un block, una varilla, un costal de cemento. Ahora respeto más a mis padres, ahora tengo ansiedad.
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
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Muuuuuuuacks!
Saludos n__n