Por estos rumbos corre la voz de que una camioneta color negra pasea por las noches en busca de quien asaltar. Una desconsolada mujer, empleada de limpieza de casas de gente pudiente llegó llorando con la tía de Yoselin, que vende zapatos por catálogo. Contaba como regresando de trabajar se encontró con la doliente imagen de sus dos hijos amarrados en medio de la casa vacía. Puntualizaba que le había afectado a sobremanera el hecho que se llevaran también el nuevo par de zapatos que había comprado para su hijo pequeño. Luego negociarón la temporal suspensión de los pagos parciales. De aquella vez a la fecha sucedieron algunos otros asaltos. Incluyendo la bicicleta del vecino y mi tanque de gas. Desde entonces Yoselin me levanta a veces en la madrugada cada que escucha un ruido afuera, desafortunadamente tenemos un árbol de mangos en el patio y la fruta cae sospechosamente durante la noche haciendo ruido de pasos y de puertas abriendose. El otro día me levantó Yoselin de mi inafortunado sueño para inspeccionar la cocina con lampara en mano en calzoncillos y me encontré con la sombra de un gato pardo emprendiendo la huida. ¿Qué habías escuchado? Le pregunté, y me dijo que cubiertos golpeando un plato en la cocina, como si el supuesto ladrón se hubiera detenido a cenar para reponerse las energías. Luego me dormí y comencé a soñar con una fiesta de gatos de frac y devorando a tres tiempos filetes de ratón. Malditas ratas.
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
Comentarios
me gusta tu prosa llena de poesia y de verdad mezclada con tu sarcazmo. cuidate