Algo falla en mi mente
simplemente no funciona
ni siquiera soy persona
cuando estoy sin ti
Tu eres esa vitamina
que de pronto me domina
si te tengo no te noto
si te pierdo si
nada nada sin ti
Ahora no estas aqui
casi seguro que andaras con el
y yo soy tonto porque estoy fatal
porque me siento fuera
nada nada sin ti
Nada el seguro de mi tambien
los hombres lloran
voy al futbol no lo veo
abro un libro y no lo leo
como poco bebo mucho
no puedo dormir
soy una cabeza hueca
un muñeco sin muñeca
una especie de desapire
cuando estoy sin ti
nada nada sin ti
Ahora no estas aqui
te necesito junto a mi
sino no se que hacer
y va cambiado por momentos mi ser
hasta volverme nada
y va cambiado por momentos mi ser
hasta volverme nada
oigo ruidos en la calle
oigo pasos que se acercan
alqueien llama a la puerta
voy haber quien es
eres tu no me lo creo
no te quedes fuera pasa
ten las llaves de mi casa
no te iras de aqui
nada nada sin ti
nada nada sin ti
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...