Mece tu sonrisa mi cuerpo herrado como a la grácil hoja el
viento, como la borrasca al árbol, sin compasión,
sin rumbo, como al nuevo enero el peso de los franqueados años. Se escapa mi
corazón del pecho, corre a donde tu voz le diga. Todo mi cuerpo es tuyo, todos
los caminos de todos mis pasos. No me preguntes sin embargo, cuanto es que yo
te quiero. Yo siempre diré que no tanto.
Esto es lo mejor que encontré por cincuenta centavos...
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