¡ Pero hubo entonces un silencio! y la noche se tragó un murmuro y nuestras voces. Tuve las palabras de tus versos pero se quedaron en mis labios esa noche. Se vieron encontrados nuestros besos y se detuvieron cuando fueron doce. Dime ternura, ¿Por qué no hay error ni ecos Cuando nuestra voz se esconde? La amargura de nuestros cuerpos lejos me invade cuando te alejas y corres; no huyas cuando mas te entiendo cuando lo que menos quiero es que me abandones.
Esto es lo mejor que encontré por cincuenta centavos...