Estuvieron sonando los fuegos artificiales durante la noche. Mientras sonaban los cohetes y la temperatura bajaba y yo me acurrucaba cada vez más en mi cama se me ocurrió pensar sobre esa costumbre de festejar a San Judas Tadeo; lo ajeno que me parece y lo mucho que he intentado todos estos años de entenderlo, las veces que he perseguido construir ese vínculo espiritual con mis familiares y amistades.
Esfuerzos infructuosos aparte; en momentos como este es que noto lo difícil que ha sido este camino para adaptarme, lo mucho que me deben de querer o apreciar quienes me rodean para soportar toda esta antipatía mía, lo renuente que soy a eso de darle gusto a la gente, incluso a quienes tengo cerca, lo poco que me ha importado no parecer raro, lo poco que me ha dejado caminar por este camino solitario, sin santos ni cohetes a las dos de la mañana.

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