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Liliana (I)

Una joven de trece años, tez blanca y cabellos castaños relampagueantes, entra a la sala, toma de la mesa de centro un chocolate y se desparrama sobre un sillón de caucho marrón. Su madre, una señorona de voz berrea le reprende la falta de cortesía al invitado que la primera no había visto.
La niña se levanta no sin hacer un suspiro de leve resignación, sutil indirecta. Clava sus ojos grandes y claros sobre el rostro del invitado y coge los dos extremos inferiores de su vestido al hacer una reverencia.
- Disculpe usted mi grosería, mi nombre es Liliana.

- Un turrón de azúcar –dice encantado el extraño dirigiéndose a la señora, haciendo como si la niña no existiera- es muy bella
- No se fié usted de ese rostro, es una malcriada.

La niña, a punto de perder la paciencia, pide irse a su cuarto. Una vez terminado el protocolo, sube a su habitación, y clava su atención en el jardinero, un joven de 18 años que empezó a trabajar en la casa hace unos días.
Mientras imagina los placeres de la libertad y el lodo del mozo, empieza a redactar una atrevida carta de declaración de amor.

****

Estoy arreglando un par de gardenias mientras Michelle, una jovencita sobrina de la jefa de la casa se acerca bastante decidida. La miro fijamente esperando respuesta al acercamiento. Ella me mira confundida, tratando de encontrarme algo de bueno, después de unos segundos me avienta un sobre. Es para ti me dice, para después marcharse igual de decidida que cuando llegaba.

Como siento la mirada curiosa y acusadora de mis superiores, solo escondo la carta para más tarde e inicio con otro brote de flores.

****

Siempre ha sido mi costumbre no inmiscuirme mucho en el trabajo, sin embargo me han entrado ganas de saber quien es Liliana.

Comentarios

Begüé dijo…
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