Me recosté en el sillón y ella me dijo que si encendía un cigarro me lo quitaría de la boca a golpes, así que guardé el encendedor y me dediqué a contemplar el librero. Ahí estaba Dostoievski y un librito de Benedetti color morado. Cuando descubrí a Navokov no pude evitar emocionarme. Luego llegó, con el peinado deshecho y una gran sonrisa. ¿Cabernet Sauvignon o Merlot? me preguntó y cuando descubrí en sus ojos unas ganas de probarme le dije que desde luego que el Vidure. Entonces apagué la luz y la desnudé en la puerta de su pequeña cocina de mujer snob, le quité la botella de las manos (suaves como las uvas) y la arrojé a donde no recuerdo más que la certeza de no haberla quebrado. Vas muy rápido me dijo pero preferí bajarla de las zapatillas que hacerle caso y luego la penetré sin nada de por medio que mi indiferencia por las enfermedades venéreas o los embarazos no deseados: yo solo la deseaba. El amor se hace en la cama me dijo y bajó su vestido y me volvió a mis pantalones, después me empujó a través de unos pasillos hasta la puerta de su recamara mientras yo me desabrochaba el cinturón y peleaba con mis tenis. Hicimos el amor ¿Cómo no amarla? Ella lo había pedido y yo necesitaba de alguien a quien amar. Después de un rato –acaso veinte minutos, no más- huyó a la cocina y trajo su burdeos y la mía. Solo tenía merlot. ¿Creía que me importa?
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
Comentarios
Me encanta Benedetti, lo adoro, me xifla, menamora...
A mi no me importaría... q carajo! solo me importaría q no me invitara a un trago.
lady.. pajarilla, entonces te invitaré un trago y despues nos acabamos la botella
Saludos!
:D