Mi vida universitaria fue solo parrandear y fumar en los pasillos. Leer bajo un árbol un libro de Émile Deschamps o contemplar un álbum de George Brunel o quizás intentar comprender a Nikolaus Lenau ¿Qué diablos significa Liebliche Blume, bist du so früh schon? me preguntaba pero entonces cuando el alemán ya me provocaba mareos pasaba una universitaria, joven flor de piel suave; justa para invitarla a algún lugar y yo me le acercaba a susurrarle ¿comment t'appelles-tu? El francés no funcionaba en esas ocasiones, y en la escuela de idiomas nadie quería salir conmigo. O pasarme seis horas en los laboratorios de cómputo leyendo blogs y bajando fotografías de modelos. Luego llegaba borracho los días de examen; era divertido discutir con los profesores hasta que mi aliento alcohólico hacía perder la validez de mis argumentos. Creo que extrañaré la universidad. A veces en la biblioteca podía esconderme de quien fuera y redactar mi libro –a pesar de estos cinco años nunca he podido terminarlo- o a molestar a las muchachas estudiosas y serias que me miraban con perversión detrás de sus lentes cuadrados y de fuerte aumento. Yo estaba a veces triste y me metía a alguna clase con el espíritu curioso y temeroso de que me reprobaran por faltas al interés y a la asistencia, pero mis profesores fueron todos comprensivos cuando debía justificar mi ausencia con un par de exámenes y proyectos finales. Ahora debo redactar una tesis y resulta que debe ser brillante. Aun continuo fumando en los pasillos, pero ahora estoy nostalgico.
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
Comentarios
Muuuuuuacks!
Saludos a todos. Los quiero
:D
Saludos, un beso girl
:D