Hey.
Pues ya pasó un año desde el último post.
Voy a contar un poco lo que ha pasado, que como era de esperarse, no es mucho.
Al principio me animé a compartir fotos e historias de mi día a día, que —también como era de esperarse— resultaron ser bastante monótonas y aburridas.
No puedo asegurarlo del todo, pero tras subir algunos viajes ocasionales y compras —influenciado por lo que entendí que debía hacer un “influencer”—, terminé con fiebres y diarreas de origen misterioso. Mi mujer, muy diligente, lo atribuyó de inmediato a las envidias.
No me consta, pero por si las dudas, dejé de subir ese tipo de videos.
Heme aquí, en el dilema de si arriesgo el estómago a cambio de unos míseros likes, o si renuncio por completo a mis impulsos de influencer.
Y mientras decido cuál es el menor de los males, intento —una vez más— volver a la escritura.
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