Todos aquí sabemos que soy bien pinche borracho. Que a todas les entrego mi vida a cambio de nada, que soy pobre y que tengo tantos amigos de la jet society que parezco a veces uno de ellos. Eso incluye ser humilde y podrido de cultura que doy asco. Que según el vulgo femenino soy mas que medianamente atractivo y que puedo acostarme con una mujer diferente cada semana si quisiera (y durante un tiempo lo quise). Que tengo un IQ de 163 y saber que la tengo de 22 cm me llena mas de orgullo que lo primero. Disculpen, estoy muy borracho, podría vomitar sobre el teclado pero prefiero ser sincero. Mi mayor defecto es ser completamente libre, mi estabilidad económica depende de las mujeres que me mantienen. Y cuando tengo novia nadie me mantiene. Soy miserable: cero pesos, cero euros, cero todo, un infinito de amor, les escribo poemas, libros y cartas; pero el papel no vale mucho, las letras no cotizan en el mercado. Algún día seré rico y exigiré que las mujeres hagan lo que yo quiera sobre su propia voluntad, esa es la única forma de retener a una mujer. Eso es lo que deseo: hijos, una casa pequeña con jardín para un perrito, viajes al extranjero cada seis meses. De mientras me conformo con el aprecio que recibo cuando una mujer me dice que soy un salvaje en la cama, un dios del sexo, la seguridad de darle un orgasmo a todas. Eso no es amor. Pero vale cuando uno se acostumbra a ser un plato de segunda mesa. Puedo beber hasta el amanecer y permanecer charlando sobre espinoza y kant como si solo bebiera jugo de limón.
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
Comentarios
Muuuuuuacks!
Saludos....
no vuelvo a escribir borracho...
Saludos!
:D
22 me suena exagerado, pero a mí no me consta.
Las letras y el amor son mil veces mejor que cualquier regalito.
Dios del sexo y salvaje en la cama, jeje, suena interesante.
No sé qué rayos piensan las nenas con las que convives?
Saluditos
Están locas de remate. Igual yo.
Buena observación, un gusto saber que aun vives.
Saludos!
:D