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Antes de que una espléndida idea alcance mi cerebro



Antes de que una espléndida idea alcance mi cerebro se interpone entre la iluminación maravillosa y mi persona una obligación muy seguramente común y sin gracia. Así pues, no le queda al mundo más que resignarse por la pérdida. Una vez, por ejemplo, que estaba yo borracho alguien me preguntó sobre mi uva favorita y yo contesté “bidé” en vez de “merlot”. Quiero imaginar que mi entrevistador no soltó una carcajada por motivos de ebriedad y no de condescendencia, así que solo dios, que todo lo que decimos escucha, se rió un microsegundo de mi idiotez y continuó con su labor celestial. Si les soy sincero, creo que eso de las ideas interrumpidas es solo un pretexto y lo que realmente sucede es que ya no se me dan las letras, no porque se me den mejor los números, sino porque ya mi cerebro no produce algo en lo que yo crea. La poesía ahí está, pero es tan mediocre que me da vergüenza escribirla.

Comentarios

Lara dijo…
Pues yo creo que se te siguen dando bien las letras ;)

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