Cada vez con mayor frecuencia, el sueño recurrente.
Me es difícil describirlo, en parte por mis mediocres
habilidades narrativas y además porque lo memorable del sueño, lo que perdura
después de despertar es una sensación profunda y contemplativa de soledad, de
indefensión.
Es de noche, parece que ha llovido, el negro asfalto es
ahora un espejo y refleja todas las luces de los letreros, el alumbrado
público, la multitud de autos confinados en la avenida y que quieren ir todos
al mismo lugar. El suelo es un espejo inerte.
Y también el frío, el viento helado tratando de devolvernos
a nuestras casas. La calle es un lugar terrible y las vitrinas iluminadas tan
reconfortantes.
Todas las personas son apenas una mancha en el espejo
citadino y la ciudad es enorme, el ruido de los autos ensordece, es ridículo
pensar en uno mismo y sin embargo ahí estoy yo, pensando en mí mismo;
aterrorizado por la soledad y por la libertad y por la insignificancia de mi
reflejo; Soy un niño, y he perdido en la multitud a mis padres, no hay una mano
que me guie y me permita contemplar mi situación, debo elegir un camino y estoy
paralizado, las posibilidades son tantas y no puedo ver ninguna.
La soledad es una puñalada helada que me despierta a veces
en la madrugada.
Comentarios