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Cóctel

Nada, han pasado muchas cosas, pero me han faltado ganas de sentarme a describir todo con moderado detalle y ordenar la prosa. Muchísimas cosas en este 2020; creo, lo mayoría censurable, hasta cierto grado casi como cuando a mis veinte observaba y participaba en todo lo que tenía a mi alcance. Espero pronto venga algo de inspiración.

playlist

Me dijo que le gustaban las películas; entonces comencé a platicarle sobre las que me vi me parecieron geniales. Entonces me dijo que le hiciera una lista en Letterboxd. Entonces dejé de recomendar películas. Y también me había mencionado que le gustaba la música; y le platiqué sobre todas las canciones geniales que había escuchado. Me detuvo y me dijo, ¡hey!, deberías hacerme una lista de canciones geniales en Spotify. Y así dejé de recomendarle música. Y lo último que me pidió fue que le hiciera una lista de videos en YouTube. Al parecer solo quería que tirara mi basura en otro lado. Creo que soy bastante torpe para esto de las indirectas.

haricots et fromage

Es una trampa. Se normaliza el éxito económico como fin último y necesario. Te tratan de convencer de que necesitas ciertas cosas y esas cosas requieren dinero. El atractivo se mide en capacidad financiera. Y luego, salud financiera es sinónimo de tomar buenas decisiones y ser listo es ser exitoso. Cuántas falacias. El éxito económico solo se da a una pequeña cantidad de personas y no corresponde con los estudios estadísticos que muestran inteligencia o capacidad estratégica. La mitad es el entorno y la suerte. Y no todos tenemos la capacidad de cambiarlo. Nos dicen que busquemos lo que nos apasiona y que el dinero vendrá después. Yo creo que le hablan a un hombre de paja por qué pocos perseguimos el dinero como fin último, y si tenemos claros nuestros deseos, pero estamos confundidos. La pasión no es algo constante a través del tiempo, puede que busquemos algo apasionadamente, pero con tanta intensidad que termina apagándose rápidamente. No puedo dejar de neces...

Chopin y Vodka

Todo comenzó en una fiesta. Ni siquiera recuerdo el motivo, lo más probable es que no hubiese motivo; cursábamos el último año de la universidad y los motivos no eran necesarios para armar una fiesta. Habían cooperado entre todos para comprar un par de botellas de vodka y cigarrillos. Yo no tenía un centavo, y aunque en principio me había rehusado a participar me insistieron tanto y fuimos todos a mi casa. Cuando comencé a beber en las medianeras de mi vida universitaria, cuando el miedo inicial se disipa y comienzas a confiar en tus habilidades y a invertir tanto tiempo en estudiar. Beber de joven es increíble, no tiene nada que ver con el precio de la botella o el lugar, era la convivencia, acercarme a las personas, dormir mi pánico social y sentir que tengo tanto en común con otros, todos vomitamos y el alcohol no discrimina de gustos o apariencias. Yo, el tímido de la clase podía platicar y divertirme con la más bonita de la escuela. También alcoholizado se borr...

Rockstar (I)

Estaba a punto de abrir una lata de conservas, mi cena, disponerme terminar un libro de Andrea Camilleri cuando me dijo que pasaría por mí en diez minutos. Y no llegó en diez sino en cuarenta, pero llegó en su auto deportivo y me saludó muy contento y después de mensajear a quien sabe a cuantas personas arrancó el auto y partimos con rumbo incierto. Hizo otra llamada y en tres minutos le quitó lo incierto al rumbo y le puso un plan a la noche: un bar, un cumpleaños. El alcohol hizo lo suyo y como de costumbre terminé hablando de cosas tristes o preocupantes, pero burlonamente; nadie quitó la sonrisa ni dejó de beber y esto como siempre está bien porque nunca tengo la menor idea de lo que hago.

CEREZOS

Visité la cárcel, esta vez no fue por orinar la calle, fue algo peor; trabajo. En la entrada una fila de mujeres vestidas de amarillo con recipientes de comida. Al final de la fila un par de policías revisaban con un cuchillo la consistencia de cada recipiente, buscando una llave, una navaja o quien sabe que cosas que puedan esconderse en un bote de comida. Cuanto amor, pensé, uno capaz de impulsarte a moverse a las afueras de la ciudad, esperar horas, dejar que te revisen de todas partes, que un par de policías malencarados metan sus manos con guantes de goma en tu comida. Qué determinación, cuánto compromiso. Hay personas que se han dejado de hablar por mucho menos. Ya adentro, en las jardineras, había una especie de picnics, donde parejas y familiares comían juntos, había muchas sonrisas, y las personas me decían buenas tardes, compermiso  cuando pasaba junto a ellos. ¿Qué habrá hecho esa gente para haber sido privada de su libertad? ¿Solo a libertad perdiero...

Veracruz un viernes a las 9 de la noche, un diciembre en los noventas.

Cada vez con mayor frecuencia, el sueño recurrente. Me es difícil describirlo, en parte por mis mediocres habilidades narrativas y además porque lo memorable del sueño, lo que perdura después de despertar es una sensación profunda y contemplativa de soledad, de indefensión. Es de noche, parece que ha llovido, el negro asfalto es ahora un espejo y refleja todas las luces de los letreros, el alumbrado público, la multitud de autos confinados en la avenida y que quieren ir todos al mismo lugar. El suelo es un espejo inerte. Y también el frío, el viento helado tratando de devolvernos a nuestras casas. La calle es un lugar terrible y las vitrinas iluminadas tan reconfortantes. Todas las personas son apenas una mancha en el espejo citadino y la ciudad es enorme, el ruido de los autos ensordece, es ridículo pensar en uno mismo y sin embargo ahí estoy yo, pensando en mí mismo; aterrorizado por la soledad y por la libertad y por la insignificancia de mi reflejo; Soy un n...