Un profundo olor aséptico. Eso recuerdo yo, rostros cansados. ¿Cómo no va a querer una madre a su hijo con lo que duele tenerlo? Yo creo que le dolí mucho a mi mamá por eso tanto me quiere. Mis amigos me dicen que ya soy papá, y sin embargo no me siento como uno, todos asumen que he adquirido un compromiso, cuando en realidad mi rol es excluyente. Si bien es cierto que todos los bebes son hermosos, a mi me falta ver a este como algo mío. En el fondo no quiero verlo como propio, tengo miedo a que me arrebaten también esto. Que su papá llegué como aquella vez hace más de un año y me quite de nuevo todo, ya nadie puede hacerme una promesa que pueda yo creer y por eso la esperanza ya no existe en mi vocabulario. Ya no se puede permitir mi corazón perder un hijo, prefiero entonces aferrarme a los hechos y oponerme a soñar.
Hace poco, mientras hacía zapping, me encontré con una entrevista a Julio Cortázar sobre su proceso de escritura, y me sentí un poco identificado, salvando, claro, las abismales diferencias. Me recuerdo a mis veintes, cuando el autobús me llevaba de regreso a casa después de la universidad y yo escribía mientras miraba por la ventana una breve idea: la semilla de algo que me había llamado la atención durante el día —una palabra, una sonrisa, un perro persiguiendo su cola…—. A los veinte casi todo es nuevo y sorprendente, así que era difícil quedarse sin tema. Días o semanas después, revisaba esa libreta donde se mezclaba cálculo integral, poemas a medio escribir y fragmentos garabateados (difíciles de descifrar debido a mi caligrafía: quien los viera pensaría que estudiaba medicina y no ciencias computacionales) y trataba de recordar qué quise decir, probablemente inventando el motivo original. Más tarde, iba refinando esa brizna de idea: buscaba en la memoria la forma más elaborada de...
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Aún así, reciba mis más sinceras felicitaciones, mi querido Shinji... y a darle a la vida, porque es muy corta... Saludos!!!...
atte. tu prima Tania Ruiz..